Emiratos Árabes Unidos (EAU) sacudió este martes el tablero energético global al anunciar su salida de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) a partir del 1 de mayo.
El anuncio fue comunicado a través de la agencia oficial WAM, donde el gobierno emiratí sostuvo que “ha llegado el momento de centrar nuestros esfuerzos en lo que dicta nuestro interés nacional y en nuestro compromiso con inversores, clientes y socios”. El país controla la petrolera estatal ADNOC, que el año pasado ingresó al proyecto Argentina LNG liderado por YPF.
Fundada en 1960, la OPEP ha sido históricamente un actor central en la coordinación de cuotas de producción y en la disputa por la formación de precios frente a las grandes petroleras occidentales. EAU se incorporó en 1967 y mantuvo su membresía tras la formación del país en 1971.
Según las metas de producción vigentes, Emiratos Árabes tenía un objetivo de 3,47 millones de barriles diarios, pese a contar con una capacidad instalada de al menos 4,8 millones de bpd. Esa diferencia fue el núcleo de las tensiones con Arabia Saudita, líder del cartel, que presionaba para evitar un aumento de oferta que pudiera presionar a la baja los precios internacionales.
EAU, en cambio, buscaba incrementar su cuota de mercado, una postura que chocaba con la estrategia saudí de sostener precios mediante recortes coordinados.
La consultora Rystad Energy calificó la salida como un golpe directo a la estructura de poder de la OPEP:
“Una OPEP estructuralmente más débil, con menor capacidad de producción concentrada dentro del grupo, tendrá cada vez más dificultades para ajustar la oferta y estabilizar los precios”.
Rystad también señaló que la decisión puede responder a una estrategia de anticipación frente a un mercado global que, según proyecciones, alcanzará un pico de demanda en los próximos años antes de iniciar un declive estructural. En ese escenario, los países con mayor capacidad ociosa —como EAU— buscarían maximizar su producción antes de que la demanda comience a caer.
Con una capacidad de 4,8 millones de barriles diarios y margen para expandirla, Emiratos Árabes se encuentra en una posición privilegiada para avanzar con una estrategia independiente del cartel.
La salida del país del Golfo reconfigura el equilibrio interno de la OPEP y abre interrogantes sobre la capacidad futura del grupo para influir en los precios del petróleo en un mercado cada vez más fragmentado y competitivo.





















